miércoles, 14 de octubre de 2015

"50 HAMBURGUESAS DE GREY... o algo así"

   Aquella mañana me desperté con resaca. Y no me refiero a una resaca etílica fruto de una noche de desbarre, no. Cuando hablo de resaca me refiero más bien a sus síntomas: dolor de cabeza, somnolencia, cargo de conciencia y, en este caso, con 9'5€ menos en el bolsillo.
   La noche anterior, 16 personas tuvimos la feliz idea de acercarnos a un conocido centro comercial de Madrid para ver el estreno de "50 sombras de Grey"; trece mujeres como trece carros y tres chicos jóvenes, hijos de algunas de ellas.
   De entrada, ya les digo que la peli me pareció entonces, un pestiño de rilarse la pata abajo. No recuerdo otra cosa igual desde el Titanic de Leo Di Caprio. 'Pa' gustos los colores, oigan. Pero 1.600 de las antiguas pesetas dan para cagarse en Grey, sus 50 sombras, y en la pánfila de Anastasia Steel, alias Dakota Jhonson ( que ésta sí que se riló cuando vió el cuartito rojo del Grey).
   Por aquello de tener una salida nocturna de sábado completita, -que no se tratara sólo de ver una peli-, aquí la pandilla nos plantificamos en el susodicho centro comercial para cenar, cuando toda la raza calé habitante de Vallecas había salido para su tarde de roneo habitual. Ataviadas con sus mejores galas, las romí exhibían cuerpazos y taconazos seguidas, cada una de ellas, por sus respectivos/as padres, madres, hermanos/as, primos/as, sobrinos/as, abuelos/as, amigos/as. Es decir, ocupación en el centro comercial, 95%. Y llegamos 16 más. Entre la juventud de aquí mis primas, los tipazos que lucían y los tacones de vértigo (que yo no he podido volver a colocarme desde que me rompí el dichoso meta), no hacía más que mirar el reloj deseando que dieran las 12 de la noche para salir corriendo a esconderme en una butaca de la sala 8 (qué mala es la envidia). Porque ésa es otra: no podíamos ir al cine a las 8 de la tarde, una hora decente, tenía que ser a las 12 de la noche; más que nada para que pareciera que habíamos salido de marcha y volvíamos a las tantas a nuestra edad. Y además teníamos que ir al burguer a cenar; 'pa' darle más caché a la salida nocturna. Si a estas alturas piensan que esto es patético, no se preocupen; yo también lo pensé. Pero a lo hecho, pecho.
   Imposible andar por allí. Pero imposible, imposible. Llegamos al burguer; con trabajo, pero llegamos. Lo de entrar iba a ser algo más complicado. Debía haber como unas 400 mil almas engullendo hamburguesas a 'tó estrozo'. Todas las mesas ocupadas con el doble de su capacidad. A ver, si la mesa era para 4 personas, ésta la ocupaban 5 adultos más otros tantos niños gritando como posesos, haciendo batallas con los sobres de kétchup (abiertos, claro), quitándose las patatas fritas de sus menús infantiles, saltando encima de las mesas y sacando las bolas del parque de la ídem para usarlas como proyectiles que volaban por delante de nuestras narices.
   La cola para los pedidos salía del local y llegaba hasta el local de al lado, que también estaba hasta las trancas. Y ante el panorama de una 3ª Guerra Mundial, nos pertrechamos para ella. Nos arremangamos los tiros largos para adentrarnos en la cuarta de basura que cubría el suelo del establecimiento, agarramos los bolsos para no irnos enganchando con las criaturitas que corrían desbocadas por el local y allá que nos fuimos a la fila, dando por hecho que siendo las 10 de la noche íbamos sobradas de tiempo. Bendita inocencia. ¿Les he dicho que además empezó a llover y a hacer un viento de cojones? Pues eso, que me cago en los indios de Murphy.
   Sitio no había para sentarse pero a estas alturas habíamos localizado un hueco, cerca de la máquina de bebidas, para poder dejar bolsos y abrigos aunque comiéramos los 16 como piojos en costura.
   Media hora de cola. Así, sin anestesia. Y nos íbamos aproximando al mostrador. Y de repente, observando el panorama de la maquinita dichosa de autorrellenarse las bebidas, vimos que lo del hueco para dejar abrigos y bolsos iba a ser una pero que muy mala idea. La peña no daba abasto a rellenarse los vasos; sin hielo, claro, para que cupiera más, mientras las criaturitas jugaban a desparramar el hielo por el local. Cada 10 o 15 segundos un cuerpazo o unos taconazos nos apartaban de la cola, -perdón, perdón-, a tetazo limpio, para abrirse paso hasta la maquinita de los cojones, a rellenar 3 o 4 vasos a la vez. Del tirón.
   Llegados a este punto, a mí me dio la risa tonta. Sí, ésa que te da cuando ya dices que 'de perdío, al río', y empieza a importarte todo un cojón de pato.
   Abandonar el local hubiera sido una buena solución. Bueno, la mejor hubiera sido no haber entrado. Pero ya era tarde. Mirar hacia atrás y pensar que teníamos que atravesarlo de nuevo para salir era un acto de valentía y pundonor que no estábamos dispuestas a afrontar, porque según a qué edades, ya la dignidad y el sentido del ridículo nos importan un bledo. Allí había que aguantar como fuera. Aquello era nuestro Perejil particular y de allí no nos sacaba ni la Legión; ni la española ni la extranjera. Lo mejor era mimetizarse con el ambiente, como Rambo en la jungla, y seguir adelante aunque ya no sintiéramos las piernas.
   Las 22'40. Por fin habíamos llegado al mostrador. Mientras el personal pensaba en que se nos echaba encima la hora de la peli, yo pensaba que en los gorritos que llevaban los esclavos que nos atendían, perdón, los empleados, debería haber un contador de unidades en stock, como en el IKEA. Porque manda cojones que después de 40 minutos de odisea me hubiera quedado sin mi hamburguesa con doble de queso. Entonces sí que hubiera sacado la katana y hubiera hecho una escabechina. Diez minutos más tarde, los hechos demostraron que mi idea del contador de existencias no era una tontería.
   A estas alturas de la comedia, localizamos un par de mesas que se quedaban libres y con un despliegue digno de pura estrategia militar, nos dividimos para tomarlas al asalto y a falta de un buen kalashnikoff, a bolsazo limpio, mientras el resto se encargaba de los pedidos. Efectivamente, conseguimos el stock y no lo que nos apetecía. Pero ya nos daba igual.
   Con la satisfacción y el orgullo del deber cumplido, nos comimos lo que a la hamburguesería le dio la gana, resguardados en aquellas dos mesas a modo de trinchera perejiliana.
   23'30. Aquello no era comer, era un anuncio. La hora del cine se acercaba peligrosamente y no habíamos hecho prácticamente más que empezar. Había que engullir aquello como fuera o llegaríamos tarde. No sé cómo, pero lo conseguimos. A las 12 de la noche, 13 locas y 3 jóvenes estábamos acoplados en la última fila, mientras en la sala nos recordaban que apagásemos los móviles.
   Y empieza la peli. Y sale la guapa. Y luego sale el guapo. Y cuando veo que el guapo, además, es rico, pilota helicópteros, tiene sopotocientos supermegacoches hiperguays, un vetidor de 50 m2 y casas por medio mundo, ahí ya me volvió a dar la risa tonta y fue cuando me alegré de verdad de no haber leído el libro de la pirada ésta a la que se le ha ocurrido la idea de las 50 sombras.
   Del resto de la peli poco más puedo contarles porque me desperté con mi propio ronquido, viendo como mi chupipandi se partía el culo a mi costa. Literalmente. Yo no sé qué cojones esperaban que hiciera después de la paliza y el maratón en el centro comercial. Caí muerta en la butaca del cine. Tan a gustito. Una ya está mayor pa tanta tontería, leñe.
   En cuanto al cuartito rojo del Sr. Grey y sus instrumentos de 'tortura', qué quieren que les diga. A mí no me impresionó. Cada cual es muy libre de 'ostiarse' con quien le de la gana, mientras el otro consiente y también se lo pase bien. Unos se 'ostian' en la cama y otros lo hacen en la cola de una hamburguesería. Aunque lo primero es más sano, creo yo: es gratis, se disfruta (parece ser) y se gastan calorías. O sea, todo lo contrario que en el burguer. Ya les digo que no me impresionó la sala de las 'torturas'. Siempre me impresionó mucho más la zapatilla de mi madre persiguiéndome por la casa o sus guantazos cruzándome la cara cuando la cagaba. Y no necesitaba la jodía ningún cuarto especial. Usaba toda la casa para ponerte la pila en cualquier momento.
   Recientemente estrenaron esta peli en la tele de pago. Mi santo me preguntó si no me importaba que cambiara el canal para poder verla y amablemente le invité a que lo hiciera. Mientras escribía estas notas tontas, recé mentalmente para que a mi santo no se le ocurriera poner un 'cuartito rojo' en casa. Fundamentalmente y en primer lugar, porque no hay sitio para ello; y en segundo lugar, porque le iba a faltar mundo pa correr. De cualquier forma, y por si se le pasaba por la imaginación, yo estaba dispuesta a hacerle probar el método clásico del guantazo en 'tol careto' por aquello de mantener viva las tradiciones familiares y no tener que aguantar que una yanqui petarda venga a imponernos modas ni leches. ¡Faltaría más!
   Pa que luego digan los intelectuales que se han leído la dichosa trilogía que ver Gran Hermano es de frikis.... #Pabernosmatao

lunes, 8 de junio de 2015

LA TRINCHERA

http://www.taringa.net/posts/imagenes/14802801/La-9-los-olvidados-de-la-victoria-II-GM.html
   













 #Rajoy amenazando a #PedroSánchez, ínclito líder del PSOE, sobre lo desastroso que será pactar con la extrema izquierda, o sea con #Podemos; esa formación que el pasado 24 de mayo ha vuelta a decir 'aquí estamos nosotros', les guste a algunos o no.

     El #Borbón, el 6º Felipe que nos cae en la lotería, homenajeando en Paris a "la 9". No mis admirados tuiteros, no; "la 9" original, la republicana que entró a liberar París con ilusión, una tricolor y mierda en las tripas fundamentalmente. No me digan que no es de traca.

     #IsabelPantoja, folklórica representante de la España más cutre y cañí de todos los tiempos, destrozando parrillas televisivas para mostrarse en directo saliendo de la cárcel en su primer permiso carcelario, tras habérselo 'llevao' muerto una vez más. Por que no he visto a nadie que se le den mejor los muertos que a ésta.

     Mientras, el líder del PSOE manifiesta, sin pudor ni vergüenza que su partido es de centro-izquierda, -que vaya usted a saber qué es eso-, mientras sus diputados europeos firman la aprobación al #TTIP, y los socialistas republicanos supervivientes del 36 y Matthausen se cagan en sus muertos; sí, en los del guapo y en los tirados en las cunetas. Tanto remar para morir en la orilla...

     Siria arde. La Yihad quema. Israel devasta. Palestina necesita más piedras. Palmira y sus ruinas lloran y tiemblan aterradas.

     #Monsanto sigue pensando que el mundo entero es su cortijo y su granja de experimentación animal mientras nos envenenan y ven cuánto somos capaces de aguantar calladitos y consumiendo.

     Vascos y catalanes pitando el himno de España mientras sus clubes juegan una competición presidida por #FelipeVI, que manda cojones el temita.

     #EsperanzaAguirre, otra ínclita pero pepera y desmemoriada, dando lecciones de ética política. Ella, que es experta en cometer infracciones y darse a la fuga.

     Su colega, Cristina Cifuentes, otra desmemoriada que seguro tampoco conoce a los 6 imputados por la #Punica que iban en su lista electoral a la Comunidad de Madrid el pasado 24-M.

     #PabloIglesias, 'el coletas', haciéndose querer mientras muestra 'dientes, dientes, que en Noviembre os vais a rilar la pata abajo'.

     El Reino Unido que, hasta las pelotas de todos y de todo, quiere desmarcarse de esa gran farsa que la Unión Europea y va a empezar a despachar inmigrantes, que ríete tú de las fronteras de Sierra Leona.

     A #Putin, en Rusia, se la pela todo mientras no le toquen los gaseoductos, que eso son palabras mayores y miren ustedes que como me toquen los cojones, meto dos pepinazos en cualquiera de mis repúblicas vecinas y le echo la culpa al primero que pille y a tomar por culo todo. Pues eso.

     #Tsipras y #Varoufakis interpretando el "Murieron con las botas puestas", pero sin tiros ni rifles, contra todo pronóstico. Se jodan los agoreros.

     En España, las redes ardiendo por la #LeyMordaza mientras los gobernantes se siguen riendo del personal así, sin anestesia, en toa nuestra puta cara. Viva el vino.

     Pactos y anti-pactos. "Qué ostia nen, qué ostia", la caloret.

     Los mandamases de la FIFA investigados y detenidos por el FBI. Alguno dimitido. Sí, pero mientras, otros que se lo han llevao muerto.

     Mis colegas sin curro y agotando la ayuda porque el paro se acabó hace tiempo.

     #CocaColaEnLucha porque los curritos siguen sin trabajo y a la empresa no le sale de los putos cojones acatar la sentencia que declara nulo el ERE que llevaron a cabo.

     Pero no pasa nada. Dice el presidente del Des-Gobierno que en España ya no se habla de paro. Qué hijo de puta. Yo, si fuera él, me iba pidiendo los TC2 de la empresa y me iba pidiendo también cita en el SEPE, que los trámites en el antiguo INEM siguen siendo una tortura y un coñazo, sólo que ahora te torturan y 'coñacean' con cita previa. Qué detalle... Bueno a lo mismo tiene suerte el gachó y le preparan una puerta giratoria, de ésas tipo Felipe González, o algo así.

     Y así podríamos seguir eternamente, sin descanso, impenitentemente. Pero mi preocupación ahora es otra: me ha salido un orzuelo que me ha jodido el puente del Corpus en mi casa de la playa.
     Mi padre con secuelas después de un ictus y mi madre de neurólogos porque algunos despistes ya no son normales. Y yo a 400 kms. sintiéndome impotente para ayudar más de lo que ayudo.
     Pero mi preocupación ahora, cuando estoy escribiendo esto, es que el lunes tengo que volver a mi curro de oficina de 8 a 3 por el que me pagan 1600€, y tengo que hacer algún bocadillo para el viaje de vuelta, dejar las plantas regadas y las hamacas de la playa recogidas.

     ¡Me cago en mi puta vida! ¡Qué duro volver a la trinchera con el estómago y el bolsillo reparados y así, desde esta posición pedir el voto para Podemos, la extrema izquierda!

domingo, 1 de febrero de 2015

CÓMO AVANZA LA CIENCIA

"La tarde se presentaba como una más, triste, melancólica, convencional y sobre todo, gris. Podía haber sido negra, muy negra, o verde con olor a lavanda, o roja con olor a pasiflora. Pero no. Tenía que ser gris y tibia. Pero qué mas da. Que sea de un color u otro sólo dependía de él mismo pero... ¿por qué tenemos que elegir siempre el color de nuestras tardes? En realidad, no sabía por qué se molestaba; de cualquier forma, eso era lo que venía haciendo desde hacía mucho tiempo. Pero hoy el trabajo le parecía más fastidioso que nunca y hubiera dado cualquier cosa porque amaneciera el día de nuevo...
 
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Oscar la estaba esperando. No debía retrasarse si no quería oír de nuevo su voz llamándola a gritos desde el porche. Pero no podía remediar sentirse a disgusto cuando se trataba de esas horribles reuniones acompañadas de larguísimas y cargadas copas.
- Prométeme que hoy volveremos pronto a casa, le espetó Laura antes de subir al coche.
- Te lo prometo.
- Te lo digo en serio Oscar. No me apetece demasiado salir esta noche y sobre todo no me apetece aguantar una larga reunión hablando con esas pelmazas de peluquería y niños que moquean.
-          Ya te lo he dicho, no te preocupes.
-          Eso espero Oscar, murmuró Laura mientras se abrochaba el cinturón.
-          ¿Cómo dices?
-          Digo que nada, que no me preocuparé.
 
Qué podía hacer sino esperar que pasara el mal trago una vez más; beber algo, participar en conversaciones tan grises como aquellas tardes y fumar para no respirar ese ambiente tan viciado. Después, regresaría a casa más vacía de lo que salió e intentaría dormir para olvidar aquella lamentable pérdida de tiempo.
 
La velada no proporcionó ninguna sensación fuera de lo normal. Todo transcurrió tal y como Laura había pensado que sería. Verdaderamente era odioso. No había ocurrido nada, ni bueno, ni malo, simplemente nada. Si al menos hubiera tenido hijos, habría tenido la excusa de regresar antes a casa para cuidarlos o darles las buenas noches. Pero la vida ni siquiera le había ofrecido esa oportunidad y la idea de compartir casa y cama con Oscar ya hacía tiempo que la tenía más que asumida.
 
Mientras buscaba su camisón pensaba lo simple e insulsa que había sido su vida, al menos hasta ahora: una chica nacida y educada en la capital que decide ir a la universidad; finaliza sus estudios, participa activamente en la vida social y política de su entorno y se casa con un guapo, listo y, sobre todo, rico muchacho. Punto y seguido. Eso había quedado atrás. Ahora todo sucedía como en esos horribles melodramas de la televisión. Todo lo había dejado para ser esposa y madre ejemplar. No había podido ser madre y lo de ser esposa lo conseguía a duras penas. Punto y final. ¿Y su profesión? ¡maldita sea! No había vuelto a pensar en ella desde que se casó. Pero ¿por qué esta noche le asaltaban todas esas tonterías a la cabeza? Estaba cansada, quería dormir. Detenerse a pensar en todo este embrollo de su vida le producía malestar. Se conocía demasiado bien a sí misma y tenía miedo de ‘rehacer’ su vida, perdiendo esa relativa estabilidad social de la que actualmente disfrutaba. Los ronquidos de oscar le eran ya muy familiares pero esta noche, esta maldita noche gris, ese ruido le parecía más insoportable que de costumbre. ¿Y su madre? ¿qué sería de ella?. Hacía ya algunos meses que habían cambiado de casa y aún no había ido a visitarla. No sabía por qué se acordaba de ella; no se habían podido soportar nunca y, sin embargo, su imagen la perseguía por toda la habitación, sus pasos se oían por toda la casa.
 
Vio cómo su madre se le acercaba y le ofreció un pequeño objeto, un cubo, negro y brillante como de azabache pulido. Laura tendió su mano para tocarlo y éste desapareció. Su madre, entonces, empezó a reír. Lo hacía convulsivamente, como presa de un ataque de histeria. Cuando Laura levantó los ojos para mirarla, sólo pudo ver un negro velo que cubría el rostro de su madre. Angustiada, Laura despertó y a punto estuvo de caer de la cama. Tal vez un poco de agua la calmaría y podría dormir en paz de una vez.
 
Se dirigía a la cocina cuando, al pasar junto a la puerta del salón, vio la luz encendida. Se acercó a la puerta entreabierta y vio a Oscar sentado, teléfono en ristre y semblante de pocos amigos:
 
- No te preocupes cariño, es conferencia del extranjero, negocios, le sonrió Oscar mientras tapaba el auricular con su mano derecha. Sí, dígame... está bien, esperaré.
- Pero Oscar..., susurraba Laura,.... a estas horas...
- Laura, los negocios son negocios y no tienen horario fijo, bisbiseó el ejecutivo, y por lo que se ve tú tampoco los tienes, ¿qué haces levantada? Acuéstate, ya mismo subo. Bien, sólo podremos aguantar la operación dos días más, dígaselo a su jefe. Hasta entonces no volveré a llamar ¿entendido?...
 
Laura entreabrió los labios para contestar a su marido que estaba levantada porque iba a tomar un poco de agua a la cocina, porque había tenido una horrible pesadilla, porque había visto a su madre, porque..., y terminó mordiéndose esos mismos labios entreabiertos. ¿Cómo iba a darle Oscar importancia a esas cosas cuando en su matrimonio se estaba interponiendo una conferencia que a las tres y media de la mañana venía del otro lado del mundo?. Tal vez se lo contaría mañana, a la hora del desayuno. No estaba muy segura. De lo único que estaba segura era de que, una vez más, tendría que ponerle un color al día que ya se disponía a nacer.
 
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Verdaderamente no se había levantado tan bien, relajada y despierta como había pensado. Muy al contrario, tenía el cuerpo entumecido, pesado, como si hubiera estado trabajando toda la noche. De repente, recordó la pesadilla y a su madre. Sería conveniente llamarla un poco más tarde. Quizás se sentía así porque le pesaba la conciencia y hablar con su madre por teléfono, aunque sólo fueran cinco minutos, la descargaría un poco. Pero se sentía tan extraña que creyó más oportuno llamarla después de desayunar.
 
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Oscar era un buen chico. De aspecto agradable y bien parecido, lucía trajes de Yves Saint Laurent y trataba de ocultar sus incipientes canas con alguna que otra manita de L’Oreal. Tenía el andar algo cansado, mirada somnolienta y la tez clara.
 
Se había licenciado en Derecho hacía ya algunos años, pero nunca había pasado de ser un ‘picapleitos’. Quizás por eso había conseguido un trabajo como agente comercial de la Firstlux S.A. Más tarde, el tiempo y la suerte le consiguieron un puesto directivo en la compañía que, además, le daba derecho a algunas acciones de la empresa.
 
Era un buen marido. Nunca había maltratado a su mujer. La llevaba a pasear, la exhibía junto con sus trajes y su pitillera de plata cuando la ocasión lo requería. Por lo demás, la casa en la que vivían estaba a nombre de Laura (lo que era una deferencia de su parte y lo que demostraba lo buen marido que era) y, cuando se casaron, Oscar le había abierto una sustanciosa cuenta corriente para sus gastos personales y algún que otro capricho (lo que era la mayor de las deferencias). A cambio, ella le había jurado amor y fidelidad hasta que la muerte los separara (lo que tampoco era pedir tanto a cambio de una vida resuelta para siempre, joder). Tener un marido así podría resultar un poco aburrido, es cierto, pero Oscar opinaba que no todas las mujeres podían presumir de una posición social tan extremadamente buena.
 
La mayor parte de lo que tenían se lo debía a la Firstlux. Sin padres, al poco tiempo de ingresar en la compañía, se había aferrado a ella como a un clavo ardiente. Se dedicó plenamente a su trabajo; no le importó llevarse a casa papeles y más papeles que arreglar. No dudó en hacer de secretario particular para algún que otro jefecillo de sección. Sólo esperaba que ‘los peces gordos’ se fijaran en él como un chico listo, trabajador y honesto. Y así ocurrió y venía ocurriendo desde hacía ya algunos años.
  
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Si Laura hubiese tenido que explicar a qué se dedicaba exactamente la Firstlux, a donde su marido acudía puntualmente cada mañana a las 9, no habría encontrado las palabras necesarias. La Firstlux tenía en nómina a todo un equipo amplio y complejo, de científicos que iban y venían bajo los sótanos  de las instalaciones de la empresa, fuera de la ciudad, y un lujoso edificio fuera de la misma.
 
Laura sabía que trabajaban regularmente en proyectos de investigación para la NASA, la Agencia Espacial Europea y algunos prestigiosos institutos y fundaciones de carácter privado. Cuando éstos  no disponían de tiempo o medios suficientes, encargaban estos proyectos a la Firstlux, que también contribuía a su financiación si era necesario. Esto era suficiente para justificar las interminables reuniones de Oscar, sus continuos viajes y las conferencias intercontinentales a las tres y media de la madrugada.
 
La Firstlux poseía oficinas en las principales ciudades del planeta, pero su sede principal estaba en Ginebra. Oscar aún no la había invitado a acompañarle, pero en realidad, sus estancias allí nunca se habían prolongado mucho. Quizá, en alguna ocasión organizaría la empresa una reunión anual a la que permitieran asistir a las esposas. De cualquier forma, viajar a Ginebra no era la mayor ilusión de su vida, por muy bonito que fuera el lago de esa ciudad. ¡Si ella con un fin de semana en un parador de la sierra ya se hubiera conformado! Pero... quien paga encarga la música. Y aquí a la orquesta le pagaba la Firstlux.
 
Un niño tropezó con ella en el parque sacándola de sus disquisiciones sobre la Firstlux, o sobre su vida, que al fin y al cabo venían a ser la misma cosa. El pequeño había ido a meterse justo debajo de ella, corriendo tras algo que Laura supuso sería un pequeño escarabajo de tierra o algún bicho parecido. Pero de no haber sido ágil con sus piernas, el pequeño la habría hecho caer rodando en la arena del parque infantil. Cuando recuperó la compostura una carita morena, con dos chispeantes ojos oscuros la miraban con esa mágica sonrisa de los bebés que el tiempo y los desengaños se encargarían de borrarle a cada paso que fuera dando en su vida. No debía tener más de año y medio o dos y su carita brillaba en el centro de aquel parque.
 
Por arte de esa sonrisa sus pensamientos pasaron de la jodida Firstlux a los hijos. Aquellos que no había podido tener y por los que ahora lloraba. Cuando pensaba en ellos casi siempre lo hacía de forma egoísta. Hubiera sido genial estar más acompañada. Pero hoy, al ver esa carita morena, la había embargado una maternidad frustrada; un negro vacío en su corazón se apoderó de su cuerpo entero, provocándole un nudo en la garganta que amenazó con desatarse y salir corriendo en forma de húmeda cascada por sus ojos".
 
 
Y en este punto, terminó mi proyecto de novela, titulada "Regresaré del paraíso", aspirante a best-seller, hace ya de esto casi veinte años. Veinte largos años que se han pasado en un suspiro y que padecen de sobrepeso de vez en cuando. Veinte años a los que, de vez en cuando, pongo a dieta de pan y agua para que no terminen aplastándome por su propio peso.
Suele ocurrirme que no acabo lo empiezo. Insatisfacción, aburrimiento, pesimismo, decepción,... no sé, mil cosas. Pero el jodido proyecto de novela prometía. La puñetera compañía Firstlux S.A de mi novela se dedicaba en realidad a la clonación de seres humanos. Pero mi manía de aplazarlo todo, mi Scarlett O’Hara interior, me llevaron a dejar aparcado mi best-seller mientras me documentaba exhaustivamente. Porque un buen escritor debe documentarse exhaustivamente si de verdad quiere escribir un libro como dios manda. Porque, de lo contrario, puede acabar como cronista oficial de su pueblo o, en el mejor de los casos, como columnista político del diario de turno, que no sé que es peor. Aunque, sinceramente, yo prefiero la Historia a la Política. Al menos, la Historia la hacen los hombres y mujeres de un país; la Política sus abortos.
Pero, como decía, si el tema de la clonación, en mi novela, podía resultar una ‘bomba’, un éxito editorial, mi ‘nohayquetenerprisasparanada’ permitió que a lo largo de los años, una puta oveja, que ni era negra y que para colmo se llamaba ‘Dolly’ (¡pena que la Streissand no les metiera una demanda a la oveja y al puto científico que la parió, perdón, clonó!) diera al traste con la médula de mi novela, dejándola así parapléjica de por vida. Y es que, como dice el castizo, ‘la ciencia avanza que es una barbaridad. O como diría Torrente, ‘eg queeee está el barrio que da agco’. O como digo yo después de veinte años ‘me cago en la puta oveja que me ha jodido la novela y que resulta que la pobre sufre ahora de envejecimiento celular’. Que hay que joderse encima.